El sector farmacéutico vuelve a mirar hacia las fusiones y adquisiciones. Después de un periodo marcado por la cautela y por un entorno económico, geopolítico y regulatorio especialmente complejo, las operaciones de este tipo han recuperado el pulso a finales de 2025 y comienzos de 2026. Tanto es así que las previsiones de los analistas apuntan a que, al ritmo actual, el volumen de operaciones podría acercarse a los 175.000 millones de euros este año. Pero, más allá de la cifra, lo importante es saber qué está buscando la industria cuando decide invertir en ello.
La respuesta parece clara: las grandes compañías ya no buscan únicamente tamaño, sino innovación capaz de cubrir futuras necesidades de crecimiento. La presión derivada de las pérdidas de patentes obliga a reponer carteras y a hacerlo con activos que hayan demostrado, al menos en parte, su potencial clínico. De ahí que buena parte de las operaciones se concentren en compañías biotecnológicas con programas en fases clínicas y en tecnologías capaces de abrir nuevas vías terapéuticas.
El auge de las CAR-T más allá de la oncología es uno de los mejores ejemplos. El interés por estas terapias en enfermedades autoinmunes está impulsando la búsqueda de tecnologías de nueva generación, incluidas las aproximaciones ‘in vivo’, que aspiran a modificar los linfocitos T directamente en el organismo y superar algunas de las limitaciones asociadas a las terapias celulares convencionales. Las operaciones de Lilly con Kelonia y Orna, la adquisición de Arcellx por Gilead o la compra de Capstan por AbbVie dibujan que esta apuesta no responde a una única compañía, sino a una tendencia mucho más amplia.
Algo similar ocurre con los activadores de células T y los nuevos conjugados. En este sentido, las operaciones de UCB con Candid Therapeutics y de Gilead con Ouro Medicines evidencian el interés por tecnologías capaces de abordar enfermedades autoinmunes mediante mecanismos diferentes. A ello se suma el creciente atractivo de modalidades como los ADC, los anticuerpos multiespecíficos y las terapias basadas en ARN, que están ampliando el perímetro de la innovación farmacéutica más allá de las moléculas tradicionales.
Pero, no podíamos olvidarnos de la obesidad, que constituye otro de los grandes polos de atracción. La pugna por activos capaces de competir en un mercado con unas expectativas comerciales extraordinarias explica operaciones como la adquisición de Metsera por Pfizer y, al mismo tiempo, el interés inversor que están despertando nuevas biotecnológicas. En este ámbito, la carrera no parece limitarse a encontrar el próximo gran producto, sino a identificar moléculas que puedan aportar ventajas en eficacia, seguridad, administración o duración del efecto en un mercado que todavía tiene un amplio recorrido.
Pero si hay un cambio estructural que merece especial atención es el creciente protagonismo de China como fuente de innovación farmacéutica. Los acuerdos de licencia están aumentando su valor y los activos procedentes de compañías chinas representan una proporción cada vez mayor del negocio. El hecho de que puedan llegar a superar dos tercios del valor total de estas operaciones en 2026, frente al 42% de 2025 y el 5% de hace cinco años, refleja la transformación a la que se está viendo sometida el mapa mundial de la innovación.
Fuente: El Global Farma