Cinco organizaciones que representan al ecosistema de innovación y de la nueva industria tecnológica española comparecieron hoy conjuntamente ante los portavoces de las Comisiones de Ciencia e Innovación y de Industria del Congreso de los Diputados. Los representantes de la Asociación Española de Bioempresas (AseBio), la Asociación Española de la Industria de Semiconductores (AESEMI), Farmaindustria, la Fundación Cotec y el Barcelona Institute of Science and Technology (BIST) reclamaron una política de Estado en innovación disruptiva para que esta se convierta en un elemento central de la estrategia económica e industrial del país.
En una sesión conjunta de carácter inusual, los portavoces trasladaron que España dispone de capacidades científicas, tecnológicas e industriales suficientes para aspirar a un papel relevante en la ola tecnológica internacional. Sin embargo, señalaron que el país sigue teniendo dificultades para transformar ese conocimiento en empresas competitivas, propiedad intelectual, capacidad industrial y empleo cualificado.
El director general de AseBio, Ion Arocena, defiende que la innovación disruptiva, sustentada en tecnologías como la inteligencia artificial, la biotecnología o los semiconductores, no puede tratarse de forma exclusivamente científica o sectorial. "La innovación disruptiva debe asumirse como una política de Estado, sostenida y coherente. Debemos construir las condiciones necesarias para que el conocimiento generado en nuestro país pueda transformarse aquí en empresas competitivas, propiedad intelectual, capacidad industrial y empleo cualificado", afirmó Arocena.
El representante de la entidad biotecnológica advierte además del riesgo de repetir los errores de la revolución digital de los años noventa, cuando Europa generó investigación de calidad pero no consolidó las plataformas industriales derivadas. "Hoy nos enfrentamos a una nueva oportunidad histórica y también a un riesgo evidente", señaló Arocena, tras lo que añadió que "la pregunta ya no es únicamente dónde se produce la investigación científica; la pregunta es dónde se crearán las industrias del futuro".
Por su parte, el gerente de AESEMI, Alfonso Gabarrón, destacó que la innovación disruptiva opera en contextos de incertidumbre tecnológica elevada, con largos periodos de maduración y riesgos financieros que no pueden abordarse mediante mecanismos convencionales. Gabarrón explicó que una tecnología emergente "no puede evaluarse con los mismos criterios que una empresa consolidada, ya que la innovación disruptiva ocupa un espacio intermedio que no encaja plenamente en la política científica tradicional ni en la industrial convencional".
La presidenta de Farmaindustria y directora general de Amgen Iberia, Fina Lladós, puso el foco en las debilidades que persisten en las fases intermedias de la investigación. Lladós apuntó que entre el descubrimiento científico y la consolidación de una tecnología industrial "existe un recorrido largo y complejo, y que España sigue sin contar con mecanismos suficientemente robustos para acompañar ese tránsito".
"En el ámbito biomédico esta realidad resulta especialmente evidente. El recorrido que separa un descubrimiento científico prometedor de un tratamiento disponible para los pacientes puede prolongarse durante más de una década y requiere sucesivas fases de validación, financiación y regulación", explicó Lladós. La portavoz advirtió de que cuando un país no transforma el conocimiento en capacidades industriales propias, acaba financiando innovación que posteriormente otros territorios convierten en producción avanzada.
Lladós recordó que España es líder europeo en ensayos clínicos, con una inversión industrial de 1.000 millones de euros anuales en investigación clínica, pero lamentó que la falta de madurez de los proyectos en la fase preclínica provoque que el talento y la propiedad intelectual terminen desplazándose hacia ecosistemas exteriores más favorables.
La comparecencia contó también con la participación de Eduard Vallory, director general del BIST, quien propuso explorar modelos inspirados en instituciones internacionales para reforzar la capacidad de gestionar activos de innovación con mayor agilidad. Vallory abogó por la creación de entornos regulatorios de prueba, denominados sandboxes, que permitan desarrollar modelos con "marcos normativos más flexibles y adaptados a la innovación disruptiva para superar las limitaciones administrativas del sector público".
El director general de Cotec, Jorge Barrero, cerró la intervención subrayando la necesidad de impulsar una política industrial efectiva que integre las tecnologías disruptivas como eje vertebrador de la soberanía tecnológica. Barrero señaló que la aceleración de estas tecnologías obliga a innovar en las formas de gobernanza pública a través de nuevas fórmulas de colaboración público-privada de alto nivel institucional. "La velocidad de la estrategia de competitividad de Estados Unidos y China es enormemente superior a la de Europa. No podemos permitirnos competir con instrumentos y marcos normativos de hace tres décadas", concluyó.
Fuente: Diario Farma