Hace 20 años, pocos podían prever la trayectoria que seguiría la investigación y el desarrollo de medicamentos en España. Mientras el país lidiaba con la burbuja inmobiliaria, la crisis financiera y continuos vaivenes políticos, la inversión de la industria farmacéutica casi se triplicó en esta materia, convirtiendo al sector en uno de los motores más dinámicos de la economía.
En las últimas dos décadas, la industria farmacéutica en España ha mostrado un crecimiento sostenido en su inversión en investigación y desarrollo (I+D). En 2006, el desembolso rondaba los 706 millones de euros, mientras que en 2010 superó los 800 millones. Durante la siguiente década, esta cifra siguió aumentando, alcanzando alrededor de 1.200 millones en 2019 y 1.750 millones en 2025, según datos de la patronal Farmaindustria. Si se suma toda la inversión en I+D entre 2006 y el año pasado, España ha recaudado más de 25.000 millones.
España se ha convertido en uno de los polos europeos de investigación, por delante de países como Alemania, Francia y Reino Unido. En 2025, se llevaron a cabo 962 ensayos clínicos en el territorio, según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps). Dos de cada cinco estudios fueron dirigidos a desarrollar antitumorales. Le siguen las terapias para enfermedades del sistema inmunitario, con un 10,5%; y el sistema nervioso, con un 6,9%.
La pandemia de la Covid-19 marcó un punto de inflexión y España pisó el acelerador para participar en la investigación de vacunas, y antivirales. Antes de la llegada del coronavirus, el volumen de ensayos clínicos se situaba en torno a los 800 anuales de media. En 2023, 2024 y 2025 se superaron los 900 estudios, alcanzando cifras récord.
Paralelamente, se han instalado diferentes hubs de innovación en España, sobre todo en Cataluña y Madrid. Este es el caso del centro de investigación de Sanofi, donde la francesa invertirá 150 millones hasta 2030 y creará 300 empleos. AstraZeneca, Almirall, Novartis y Net-Pharma también poseen su propia instalación.
La red de fábricas en el país también se ha ampliado en 20 años. A mediados de los 2000, España poseía más de un centenar de plantas. En 2024, había 174 instalaciones operativas, situadas en 13 comunidades. De ellas, 106 se dedicaban a la producción de fármacos de uso humano, 22 a fármacos veterinarios y 46 de principios activos, según Farmaindustria.
Los medicamentos han demostrado ser un bien estratégico. De hecho, desde 2022 es el tercer producto más exportado de España, por detrás de los automóviles y combustibles, según el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Actualmente, más del 80% de los fármacos que se producen en España se vende fuera de las fronteras nacionales.
A mediados de los años 2010, las ventas de fármacos a otros países superaron por primera vez los 11.000 millones de euros. Con el paso del tiempo, este crecimiento se consolidó y en
2019 las exportaciones alcanzaron casi 13.000 millones, en 2021 se superaron los 17.000 millones –impulsado en parte por la producción de vacunas contra el Covid-19– y en 2022 (últimos datos disponibles) ascendieron a más de 25.000 millones.
En los últimos años, las autoridades españolas trabajan para atraer más inversión, investigación y fabricación a España. Por ello, en 2024 impulsaron la Estrategia de la Industria Farmacéutica hasta 2028. Entre 2023 y 2025, los laboratorios innovadores prometieron una inversión de 9.000 millones.
Cabe señalar que en las últimas dos décadas se produjo la entrada de Grifols y Rovi en el Ibex 35. En concreto, en 2008 y 2021 respectivamente. Además, Almirall empezó a cotizar en el Mercado Continuo en 2007 y Oryzon Genomics en 2015.
Por otra parte, la industria farmacéutica se ha consolidado como uno de los sectores que más empleo ha generado. La plantilla ha pasado de estar compuesta por alrededor de 60.000 trabajadores a comienzos de los 2000 a superar los 110.000 en 2025, un 80% más, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).
En 2026 se cumplen 20 años de la aprobación del Real Decreto 1030/2006. Se trata de la norma que definió oficialmente la cartera común de servicios del Sistema Nacional de Salud. Su entrada en vigor marcó un antes y un después en la organización sanitaria de España, que actualmente posee 387 hospitales públicos.
El decreto estableció por primera vez qué prestaciones debía garantizar el sistema público en todo el territorio, después de la transferencia de competencias a las comunidades autónomas a principios de los 2000. Su aprobación supuso un paso clave para reforzar la igualdad en el acceso a la salud, dando forma operativa al derecho constitucional a la protección sanitaria.
Paralelamente, la sanidad privada ha experimentado un crecimiento sostenido, impulsado por factores sociales, económicos y por la percepción de una atención más ágil en un contexto de listas de espera cada vez más amplias. La pandemia de la Covid-19 y, en consecuencia, el colapso en la sanidad pública supuso un punto de inflexión. Esta marcó un punto de inflexión: entre 2019 y 2021, la contratación de seguros privados de salud aumentó un 9%, lo que supone más de un millón de nuevas pólizas, según la Unión Española de Entidades Aseguradoras y Reaseguradoras (Unespa).
Hoy en día, el sector privado cuenta con 410 hospitales en España. Diez grandes grupos concentran la mayor parte de la actividad, junto a centros vinculados a aseguradoras como Sanitas y Asisa, y clínicas independientes. Quirónsalud es el mayor operador, con 150 centros. En 2016, el alemán Fresenius compró la compañía por 5.760 millones de euros a CVC Capital Partners. Fue una de las mayores operaciones sanitarias en Europa.
Fuente: El Economista